viernes, 25 de julio de 2014

Hablar en lenguaje de género.

     Días atrás un líder político estaba dando una rueda de prensa en una institución educativa, y noté que al saludar se dirigió "a los niñas y las niñas, a los estudiantes y las estudiantes, a los profesores y las profesoras, a los obreros y a las obreras".

Me quedé reflexionando.  Me pregunté si eso era correcto y cómo debería expresarme en una conferencia con un público similar. 


     La duda fue mucha y ocupé a mis profesores. Leí sobre ello y entendí que hablar de esa manera es conocida como Circunloquio, según el Diccionario de la lengua española, "rodeo de palabras para dar a entender algo que hubiera podido expresarse más brevemente", pero también me di cuenta de que más allá de ser utilizada como una figura retórica esta forma de hablar esconde la promoción de la "Ideología del Género", realidad que "emerge como una categoría de análisis de la realidad social y política a finales del Siglo XX y comienzos del Siglo XXI". 
(Para más información visita ideología del género ). 

     En Venezuela, y sé que es una postura que se extiende en el mundo, saludar o dirigirse a un público sin expresarse de manera precisa hacia las mujeres o niñas, es considerado exclusión, esto es alegado por defensores de los derechos de la mujer, quienes empujan como dice el profesor Tomás Jurado Zabala al “invento de fórmulas contrarias a las normas elementales de la gramática: Las y los niños pequeños son indefensos e indefensas. O más grave aún: Lo(s) niñ(o)(s)(a)(s) pequeñ(o)(s)(a)(s) son indefens(o)(s)(a)(s). O, por señalar otra barbaridad: el uso de la arroba que ni siquiera es una letra: L@s niñ@s pequeñ@s son indefens@s”. 

     Entonces, debemos dejar claro “que la exclusión es un fenómeno esencialmente social, no gramatical. El Diccionario panhispánico de dudas es claro cuando señala que en los sustantivos que designan seres animados, el masculino gramatical no solo se emplea para referirse a los individuos de sexo masculino, sino también para designar la clase, esto es, a todos los individuos de la especie, sin distinción de sexos: El hombre es un animal racional; El zorro come gallinas"

     A su vez, siguiendo lo que dice el profesor Tomás Jurado Zabala, “no deberíamos sostener a ultranza que el género masculino es excluyente. Todo lo contrario, es inclusivo, porque gramaticalmente es el género no marcado. Por esto podemos hablar de Hijos bondadosos sin excluir a las hijas. En cambio, el género femenino sí es exclusivo porque designa solamente hembras: Hijas bondadosas, excluye a los hijos varones”. 

     En ese mismo orden de ideas, Ignacio Bosque, en su ponencia “Sexismo lingüístico y visibilidad de la mujer”, de la Real Academia Española, dice “llama la atención el que sean tantas las personas que creen que los significados de las palabras se deciden en asambleas de notables, y que se negocian y se promulgan como las leyes. Parecen pensar que el sistema lingüístico es una especie de código civil o de la circulación: cada norma tiene su fecha; cada ley se revisa, se negocia o se enmienda en determinada ocasión, sea la elección del indicativo o del subjuntivo, la posición del adjetivo, la concordancia de tiempos o la acepción cuarta de este verbo o aquel sustantivo".

     En síntesis, debemos decir NO a la exclusión, pero debemos evitar caer en el error de considerar que no expresarnos en lenguaje de género nos hace prejuiciosos y excluyentes, cuando la verdad es que al hacerlo cometemos una falta contra el lenguaje.