jueves, 26 de marzo de 2015

Un Orador ¿nace o se hace?

 Una de las preguntas que genera mayor debate entre los que continua y profesionalmente hablan en público, tiene que ver con el hecho de concluir si un Orador nace o se hace.

Ahora bien, desde mi humilde observación, el problema de la respuesta depende de los conceptos que se manejan, porque una cosa es hablar en público y otra muy diferente es ser un Orador.

Cuando consultamos a las personas cuya profesión es hablar en público, docentes, conferenciantes, expositores, comunicadores sociales, vas a escuchar que la gran mayoría refiere que un Orador nace, y un porcentaje mínimo, afirma que un Orador se hace, respuesta para muchos "salomónica", porque ello les permite afirmar que hay un número de individuos que vienen al mundo con capacidades innatas para comunicarse y hay quienes desarrollan esas capacidades en su labor profesional.

En primer lugar, debemos de entender que el acto de comunicarse, de transmitir ideas, de expresar opiniones, es inherente al ser humano, porque hablar, según el Diccionario de la Real Academia Española es "articular, proferir palabras para darse a entender", y público se define como el "conjunto de las personas que participan de unas mismas aficiones o con preferencia concurren a determinado lugar",  de allí podemos concluir que hablar en público se entiende como dirigirse a un grupo de personas para darse a entender, para posicionar nuestra idea, esto nos los amplia el Instituto de Comunicación Empresarial cuando refiere que "hablar en público es saber comunicar los mensajes con eficacia". 

Considero que por su definición, el hablar, de inherente al ser humano, muchos llegamos a confundirlo con lo innato y de allí nace la confusión.

Seguidamente, consultamos al Diccionario de la Real Academia Española y encontramos que Oratoria es el "arte de hablar con elocuencia", donde la elocuencia "es la capacidad de expresarse en público de forma fluida, elegante y persuasiva".

Notemos que en ambos casos lo importante de comunicarse es darse a entender, que los oyentes capten la idea o mensaje del emisor, por tanto puede generarse allí la confusión de creer que un orador nace, debido que asumimos que comunicarnos es propio del ser humano porque nacemos con la necesidad e intención de comunicar nuestros pensamientos.

Se puede señalar, que entre ambas definiciones, Hablar en Público y Oratoria, hay una similitud, pero donde la mayoría no se detiene a analizar es el punto referente a: elegancia y persuasión, características propias de la Oratoria, las cuales nos permite afirmar que un Orador se hace, no nace.

Veamos, para hablar con elegancia se debe tener un vocabulario amplio, se debe conocer las normas más elementales de comunicación, además de ello la elegancia al hablar refiere de manera directa a la función constructora y formadora del lenguaje hablado, donde la retórica juega un papel preponderante, "sobre todo los tropos: metáfora, sinécdoque, metonimia", y nadie puede nacer con ese conocimiento, eso se aprende en el estudio y revisión del "arte de hablar".

Algo semejante ocurre con la persuasión, entendida como el proceso intencionado "para lograr el cambio de actitud, pensamiento o comportamiento de una persona o un grupo hacia algún evento, idea, objeto o persona", la cual es efectiva en la medida que se estudian sus estructuras y sus formas de interacción, como afirma Antonio Miguel Saad puede decirse que el orador es el que puede abrir alguna de las cuatro puertas que hay en el hombre: la del corazón, para motivarlo; la de la voluntad, para persuadirlo; la de la inteligencia, para convencerlo; y la de la imaginación, para enaltecerlo

Es por ello, que afirmamos que un Orador se hace, no nace, porque es imposible que al nacer podamos conocer y dominar los principios de la Oratoria, debido que por mucha facilidad que podamos tener para hablar en público,  ello no nos convierte en oradores, porque un Orador es aquel que hace de la palabra hablada un arte.