lunes, 24 de agosto de 2015

Mi primera conferencia.

Hace unos días me tocó asumir la responsabilidad de dar una conferencia, ante una comunidad que no conocía y en un lugar desconocido también, la presión y el nerviosismo siempre me acompañaron, porque no era solo ir a hablar en público, era compartir con calidad y entrega las enseñanzas que desde la Escuela Venezolana de Oratoria se imparten.

Recordé que alguna vez escuché decir "una cosa es hablar frente a un público y otra muy distinto es dar una conferencia". Esa afirmación me pareció arrogante. Hoy puedo decir con convicción que es una verdad muy bien planteada.

Porque no es un hecho trivial que las personas saquen de su tiempo para ir a escuchar un desconocido. Dejar sus ocupaciones, familia y tiempo de descanso, no es algo que debe ser menospreciado.

La verdad es que en preparación teórica no sentía debilidad, porque mi profesor de darnos calidad siempre se ocupó, pero aún así sentía miedo. Miedo que no me paralizó, muy al contrario, fue el alimento para organizar y planificar la Conferencia.

Llegar a tiempo, no olvidarme del público, utilizar correctamente el powerpoint como apoyo, hacer los ejercicios de respiración, fueron termómetros de una presentación que era un reto. Reto porque estamos en constante ayuda a las personas para que puedan hablar con calidad ante el público, además de ser la primera actividad que como Club de Oradores cumplíamos.

Una vez concluida la actividad me sentí feliz, porque como Club de  Oradores vamos por el camino correcto y estamos haciendo de la palabra hablada un arte que pueda servir de medio para transformar en positivo nuestro país.

No es fácil el camino del Orador, pero si es placentero y satisfactorio, por ello doy gracias a Dios por mi primera conferencia, sabiendo que debo mejorar día a día, para poder dar alegrías a un pueblo que las necesita en abundancia.