domingo, 21 de agosto de 2016

¿Improvisación o preparación al hablar en público?

Cuando se va a dar una conferencia se necesita poseer una serie de habilidades que marcaran la diferencia entre una buena o mala comunicación, pues el objetivo de todo orador es que su mensaje sea recibido y entendido por su audiencia.
Ahora bien, cuando estamos iniciando en este camino de la Oratoria, aprender y dominar esa serie de habilidades: gestión de la angustia delante de una intervención en público, el dominio del escenario, la comunicación verbal, la improvisación, el para-lenguaje: entonación, volumen, vocalización, silencios, el uso de la voz y la preparación del discurso, entre otras, son vitales para la construcción del buen orador que aspiramos ser.
Sin embargo, hoy  deseo destacar dos habilidades: Improvisación y preparación.
Dijo William Shakespeare “las improvisaciones son mejores cuando se las prepara”, ciertamente la frase era dirigida al teatro, pero ¿no tiene un buen Orador algo de actor?.
En el mundo de la Oratoria, los historiadores relatan que en una ocasión preguntaron a Winston Churchill, famoso por su oratoria y discursos geniales, cómo hacía para improvisar de una manera tan magistral  y su respuesta fue: “es porque dedico mucho tiempo a preparar mis improvisaciones”.
Si consultamos la definición de improvisación encontramos que es la realización de una cosa que no estaba prevista o preparada, en la Oratoria tiene una denotación diferente y le damos una connotación hasta especial, porque improvisar un discurso significa hablar libremente y con soltura. Lo contrario a lo que mucha gente cree la improvisación no existe para el buen orador.
Porque un buen orador, como lo afirma Winston Churchill,  no “habla por hablar”, habla porque ha dedicado horas de preparación, leyendo consultando, interpretando, almacenando información. No habla para salir del paso o para cumplir.
Cuando un Orador improvisa es porque gracias a la preparación, su improvisación ha pasado por un proceso de digestión, de maduración, antes de ser presentada con lo cual su intervención es amena, flexible y gustosa al público, logrando que ellos valoren el tiempo invertido.
Es en la preparación donde se construye el buen orador. Es en el tiempo que dedicamos a leer, consultar y practicar lo que nos hará mejores, pudiendo a su vez retribuirle al público, con calidad y calidez, el tiempo que dediquen a escucharnos.