domingo, 26 de marzo de 2017

Cómo dar conferencias, sin morir en el intento.

Hace poco al terminar mi participación en un ciclo de conferencias, una persona que asistió a la actividad se me acercó y me dijo: Francisco, ¿cómo haces para dar una conferencia?

Te confieso que la primera intención fue muy racional, pero la verdad es que la pregunta me tomó por sorpresa y a mi mente llegaron enseñanzas, lecturas, frases,  hasta cité un artículo de Amancio Ojeda para explicarme. Ya han pasado varios días reflexionando y comparto contigo lo que considero es mi respuesta ante esa pregunta.  

Aristóteles afirmó que en el arte de hablar en público debemos considerar una triada: el orador, el auditorio y el discurso. Estos elementos son los que debemos evaluar cada uno de nosotros para dar una conferencia.

Al analizar lo que refiere Aristóteles debemos de preguntarnos, con el deseo de mejorar en cada una de nuestras presentaciones, ¿tenemos algo de valor que aportar?, ¿esas palabras que deseamos compartir son movidas por un espíritu de servicio o de protagonismo?, ¿nos hemos apasionado por el tema lo suficiente?, ¿estoy aportando ideas propias o copiando las de alguien?, ¿qué edad tendrán los asistentes?, ¿cuánto tiempo de práctica he tenido?, ¿cómo he trabajado mi expresión corporal?, ¿La dicción, mirada y desplazamiento, son naturales? y aquí considero que aplica lo que llamo la ley del cliente: si yo fuera parte del auditorio las palabras que estoy escuchando ¿me gustan, me impactan emocionalmente, atraen mi atención?

Dar una conferencia de calidad es lograr un equilibrio entre el fondo y la forma, porque es cierto que muchos no nos preguntamos todas estas cosas, pero la verdad es que solo llegaremos a ser artistas en la medida que enfoquemos nuestro hacer y nuestro ser para entregar la calidad necesaria.

Dice el maestro Amancio Ojeda que ser conferenciante es sin duda una carrera apetecida, y muchos son atraídos por la vanidad del reconocimiento público y los aplausos; pero quienes hacen de esto una profesión de altura, muestran un interés constante por su desarrollo personal y profesional, tienen altas dosis de humildad, y descubren prontamente que “lo que alimenta al becerro no es la vaca, sino su leche” por ello, cada día trabajan porque la calidad de su mensaje sea el protagonista de su trabajo.