viernes, 21 de julio de 2017

3 enseñanzas del mundo animal que todo orador debe poner en práctica.

Cuando uno es amante del hablar en público anda siempre en modo aprendizaje, recurre para ello a la lectura de libros, entre otras iniciativas, pero olvidamos, muchas veces, detenernos a mirar el mundo animal el cual nos regala grandes valores que son verdaderas lecciones de vida. Hoy les comparto tres de esas lecciones:

1ro. Constancia. Todo éxito que busquemos alcanzar en la vida requiere de un esfuerzo sostenido y es casi inexistente el logro que no amerite el enfrentarnos a dificultades. Al echar un vistazo el mundo animal el salmón y la tortuga son referentes de la constancia, destaco al primero porque para poder desovar sus huevos debe nadar contra corriente y no se detiene hasta que logra su objetivo. Acá tenemos dos grandes enseñanzas: constancia y la necesidad de siempre ir contra la corriente. En un momento histórico donde la moda del consumo nos consume y nos ahoga, ser salmones para llevar un mensaje positivo y esperanzador, valdrá todo el esfuerzo posible.

2do. Silencio. Los seres humanos hoy poseemos un lujo enorme del cual muchas veces no nos damos cuenta: el silencio. Sea por práctica o por rutina nos hemos acostumbrados a creer que toda comunicación pasa por la emisión de sonidos, pero cuán lejos de la verdad estamos. Si miramos a los animales logramos descubrir el gran valor del silencio, debido que es el acto que permite que ellos exterioricen el mundo interior. Cuántas veces al ir por la calle notamos en un poste de luz un ave cuyo silencio solamente es roto por algún peligro cercano. En casa, nuestros perros, gatos o peces qué tiempo duran sin emitir sonidos, aunque no signifique que no están comunicando. Los animales recurren al silencio para comunicarse y aquí aplica aquella máxima “los buenos oradores dominan las palabras, los buenos comunicadores: los silencios”. Ojalá lleguemos a dominar tanto las palabras como los silencios. 

3ro. Solidaridad. La solidaridad es lo que hace al ser humano más humano, porque implica dar o hacer sin esperar nada a cambio. Ser solidarios es colaborar con los necesitados. En qué ocasiones hemos dado un mensaje al público necesitado de esperanza, de motivación, de ideales. Pero debemos ir más allá. No podemos conformarnos solamente el ser solidarios con y desde la palabra hablada. Debemos reconocernos unidos y sentirnos parte de un todo social que necesita nuestro dar sincero y profesional para que se pueda mantener, así como hacen los delfines que cuando encuentran a otro delfín desvalido le ayuda a mantenerse a flote. Es necesario continuar  en espíritu de solidaridad ayudando a otros que al igual que nosotros están en esa búsqueda constante por ser mejores. Nos toca colaborar con la sociedad para que no camine en suciedad.

Me despido en este artículo recordándote que aprender es una decisión y un acto de humildad.