domingo, 17 de septiembre de 2017

3 mentiras que no te dejan hablar en público.

Muchas personas que han tenido alguna experiencia desagradable en alguna presentación o intervención en público o que sencillamente no han podido aprender a dominar el miedo escénico, van por la vida justificándose con expresiones que muchos llegamos a apoyar.

Recuerdo que hace algún tiempo, luego de terminar una conferencia, una muchacha se me acercó y luego de darme las gracias por la intervención que hice, me dijo “con eso se nace”, yo agradecí sus palabras y le respondí esbozando una sonrisa “eso se aprende”, lo cual desencadenó una agradable conversación en la cual expusimos nuestros argumentos.

Esa gran mentira, repetida mil veces, se ha convertido en una verdad, para muchos, absoluta. Yo creo que educarnos sobre la oratoria, pasa por superar ese tipo de trampas mentales las cuales se vuelven pesados obstáculos.

Otra de esas comunes trampas, es la famosa idea de que un artista de la palabra hablada no siente miedo. Allí es donde en más de una ocasión cito la frase de Jorge David Rodríguez “el día que no sienta miedo al frente de un nuevo proyecto, me retiro a criar perros”, la cual siempre parafraseo “el día que no sienta miedo ante una nueva conferencia, ese día me retiro a criar pollos”. Con ello busco a destacar que el miedo es sano y natural, lo que no es sano ni natural es la pasividad ante él. Como dijo Dale Carnegie “la inacción cultiva el miedo. La acción cultiva la confianza y el valor. Si usted quiere conquistar el miedo, no se quede sentado en la casa pensando acerca de él. Salga y ocúpese”.

Como última de las mentiras que por hoy quiero abordar contigo es aquella en la cual se afirma “yo no hablo en público porque no va con mi personalidad”. Ciertamente, algunos no somos tan extrovertidos para acomodarnos a cualquier ambiente para iniciar una conversación, pero creo que allí radica la base de esta mentira, porque un buen artista de la palabra hablada no es el que sabe hablar en cualquier ambiente, sino aquel que sabe escuchar para aportar objetiva y prudentemente.

lunes, 11 de septiembre de 2017

Los 3 elementos de los oradores seductores


Cuando uno observa a Tony Robbins, Simon Sinek o Jessica Cox mover al auditorio con su sola presencia, la pregunta que llega a la mente es cómo lo logran.

 Muchos dirán que ese magnetismo es algo que no todos pueden alcanzar, pero la verdad va más allá. Ellos tienen 3 elementos que los hacen seductores. Tres elementos que los ayudan a nunca pasar desapercibidos y con los cuales logran imprimir fuerza y vitalidad al público que los escucha.

Esos elementos son: visión, actitud y conocimiento. En el caso de la visión es la que los mueve a estar en acción constante, a caminar hacia sus objetivos, permitiéndoles vivir con entusiasmo y compromiso que vuelven contagioso para los demás. Gracias a la visión tienen una fuente inagotable de inspiración y fuerzas para los momentos difíciles.

El otro elemento es la actitud, que es la manera que tienen de afrontar la vida. Ellos son seductores porque muestran la forma de ser resilientes. No es algo que se compra. Es conquistada, a través de una decisión propia. La actitud se trabaja de una forma consciente y eso lo valora el público que les escucha, por lo tanto, se siente atraídos por esa alegría y seguridad que transmiten.

Como último elemento de los oradores seductores tenemos el conocimiento. Es el conjunto de experiencias que les han permitido forjar la personalidad. En cada uno de los oradores que nos llegan a seducir hay una cantidad ilimitada de información y vivencias, que son almacenadas y que son correctamente utilizadas. Allí es donde son diferentes. Saben qué hacer con lo aprendido y con lo vivido.

Es por ello, que el transitar de nosotros en el mundo de la oratoria debe ser un transitar con visión, actitud y conocimiento para lograr ese deseo ferviente en el auditorio de escucharnos.

martes, 5 de septiembre de 2017

Los 3 lenguajes que dan poder a un orador

Comunicar no es solo cosa de palabras. Eso lo sabe un orador, porque en toda presentación los movimientos faciales, el tono de la voz y hasta los silencios tienen una gran carga comunicativa.

Ahora bien, esos tres lenguajes se interrelacionan de manera constante y continua, lo que significa que en la medida que en nuestras presentaciones les demos la importancia y la libertad, mayor será nuestro poder persuasivo. Estos 3 lenguajes son: el no verbal, el paraverbal y el verbal. 
El profesor y científico Albert Mehrabian explicó como resultado de sus investigaciones que en el proceso comunicativo “las palabras cuentan un 7 %; la voz, el tipo de entonación, la resonancia y proyección un 38 %; y el lenguaje corporal: respiración, mirada, expresión del rostro, posturas y gestos un 55 %”

Con ello debemos entender que el lenguaje no verbal tiene cada vez más importancia dentro de la sociedad actual: los movimientos de la cabeza, señalar con las manos, la forma de la mirada y el temblor de los labios al hablar, son medios que transmiten información al público, y si a ello le unimos el lenguaje paraverbal, cuyas funciones son las de mejorar la comprensión del lenguaje verbal y favorecer la manifestación de sentimientos, propiciando la interacción, la empatía y la entrega de elementos claves que permitan al auditorio una interpretación lo más precisa posible del mensaje transmitido.

De allí, la necesidad y la obligación de todo orador de entrenarse en el uso adecuado de las entonaciones, pausas y énfasis; recursos que hacen la diferencia en toda presentación, porque son las acciones que le dan sabor y calor al lenguaje verbal. Este último, es el que usa las palabras para transmitir mensajes y recurre a la voz como medio básico y fundamental para la interacción, porque se “emplea para dar informaciones, proporcionar aclaratorias y orientaciones” facilitando que el auditorio se interese por el mensaje, siendo necesario que lo hagamos con claridad y corrección. 

Por consiguiente, el poder persuasivo de todo orador se incrementará en la medida que podamos unir coherentemente el lenguaje corporal, paraverbal y verbal. Y si te interesa mejorar tus capacidades comunicativas escríbeme al correo electrónico y te haré llegar un ejercicio que te ayudará a lograr un mayor equilibrio comunicativo.