sábado, 8 de julio de 2017

La atrezo en la oratoria.

Muchos de nosotros presenciamos una pieza teatral o una buena película y recordamos, para bien o mal, a los actores, la trama, el desenlace de la obra y lo que en nosotros generó, pero muy pocas veces valoramos esos elementos que hicieron que la magia de lo vivido resultara posible. 


Cuanto le gusta a la industria del arte vendernos al intérprete, al artista, a quien agradecemos que con su capacidad histriónica o con su capacidad técnica interpretativa, en el caso de la música y la danza, haga posible que la recreación se haga real, pero lo lamentable es que tanto lo destacamos que llegamos a olvidar que es un componente más.

En el arte, llámese teatro, danza, cine, música e incluyendo la oratoria se utilizan un conjunto de herramientas y objetos para la decoración de un determinado momento. Esos objetos permiten que lo que se presenta tenga el mayor realismo posible. Hacen que el arte, ficción por naturaleza, tenga coherencia para el espectador ayudando a lograr el impacto emocional que el arte desea transmitir. A eso se le conoce con el nombre de atrezo.

En el caso propio de nosotros los oradores, al querer definir la palabra atrezo muchos vamos a entenderlo como utilería, dándole una connotación simplista y refiriéndonos a una realidad física, ignorando que todos los elementos, tangibles e intangibles, que tienen importancia para alcanzar los objetivos que nos propongamos son el atrezo de nuestra presentación, entre esos elementos podemos considerar: temperatura del lugar de la presentación, diseño y decoración de la misma, tipo de asiento de los cuales se dispone, disposición de las sillas, hora del día, posible cansancio o frescura de los asistentes, calidad del sonido, espacio abierto o cerrado para desplazarse o el apoyo audiovisual.

Afirma Álvarez Fernando el atrezo es: no solo la parte física que rodea al orador, sino también el cómo está comunicando su mensaje, su tono de voz, los silencios que utiliza, el ritmo de su oratoria. Todo aquello que no es el mensaje principal.

Indudablemente, todo lo que condimenta nuestra presentación es el atrezo. El problema radica en apartarlo, no dando la importancia que tiene, sino que, enfocándonos más en el tema, el vestuario, el número de asistentes hasta en lo que estamos sintiendo, olvidamos que debemos interactuar con personas, que no son utilería, no son elementos de adorno y por ellos y para ellos debemos de practicar el cómo: comunicar, transmitir y hacer sentir, para poder persuadir.

Es por ello, que debemos entender que el atrezo en la oratoria es lo que la gimnasia al cuerpo.